
La proporción más habitual para hormigón de uso general (cimentaciones ligeras, soleras, muretes) es 1 parte de cemento, 2 partes de arena y 3 partes de grava en volumen, con agua suficiente para conseguir una mezcla trabajable sin quedar líquida. Esta proporción se conoce coloquialmente como «1:2:3» y es la referencia que suelen dar los propios sacos de cemento para trabajos domésticos.
Proporciones según el tipo de trabajo
No todas las proporciones sirven para todo. La cantidad de cemento respecto a los áridos determina la resistencia final, y usar más cemento del necesario solo encarece la mezcla sin aportar nada útil en trabajos ligeros:
- Hormigón en masa (rellenos, soleras ligeras, base para caminos): 1:3:5. Menos cemento, menos resistencia, pero suficiente y más económico para superficies que no van a soportar carga estructural.
- Hormigón de uso general (cimentaciones pequeñas, muretes, pilares no estructurales, anclaje de postes): 1:2:3, la proporción más citada y la más versátil para bricolaje doméstico.
- Hormigón armado o de mayor resistencia (elementos con carga, forjados, pilares estructurales): 1:2:2 o proporciones más ricas en cemento, normalmente calculadas por un profesional según la resistencia estructural que necesite el proyecto. En obra con armadura de hierro no conviene improvisar la proporción a ojo.
El agua se añade poco a poco: como referencia orientativa se suele partir de una relación agua/cemento de alrededor de 0,5 (medio litro de agua por cada kilo de cemento) y se ajusta según la humedad de la arena y la consistencia que se busque. Una arena que viene de acopiarse a la intemperie tras la lluvia ya lleva agua incorporada, así que hay que reducir la cantidad que se añade a mano o la mezcla queda demasiado líquida.
Cómo se traduce esto a una carga de hormigonera
Si tu hormigonera tiene, por ejemplo, 70 litros de capacidad de mezcla útil, una carga con proporción 1:2:3 se reparte aproximadamente en 6 partes iguales: 1 parte de cemento (unos 12 litros), 2 partes de arena (unos 23 litros) y 3 partes de grava (unos 35 litros), más el agua necesaria. En una hormigonera de 180 litros de capacidad de trabajo esas mismas proporciones se multiplican, permitiendo hacer menos tandas para el mismo volumen total de hormigón: donde con un tambor pequeño harían falta 4-5 cargas para una solera pequeña, con uno de 180 litros pueden bastar 2.
Como referencia práctica en peso (más fácil de calcular con sacos de cemento de 25 kg): por cada saco de cemento, cuentan aproximadamente 2 carretillas de arena y 3 de grava para la proporción 1:2:3. Pesar los áridos exactamente no es necesario en obra doméstica, pero sí conviene usar siempre el mismo recipiente (un cubo, una pala llena) como unidad de medida para no variar la proporción de una tanda a otra.
Orden de llenado recomendado
Con el tambor ya girando: primero una parte del agua, después la grava y una parte del cemento, luego el resto de cemento y la arena alternados, y por último el agua restante hasta conseguir la consistencia deseada. Mezclar en este orden ayuda a que el tambor no se atasque con material seco pegado a las paredes, y evita que el cemento se apelmace en grumos antes de integrarse con el agua.
Errores habituales al calcular las proporciones
Los fallos más comunes al preparar hormigón en casa no suelen ser de proporción exacta, sino de método:
- No ajustar el agua según la humedad de la arena. Añadir siempre la misma cantidad de agua sin mirar si la arena está seca o mojada da mezclas inconsistentes de una tanda a otra.
- Añadir toda el agua de golpe al principio. Es más difícil controlar la consistencia final; mejor añadirla poco a poco y valorar cómo se comporta la mezcla.
- Mezclar cantidades más grandes de las que se pueden colocar a tiempo. El hormigón empieza a perder trabajabilidad a los 30-45 minutos; si se prepara más de lo que se puede verter y compactar en ese margen, la parte final de la tanda ya no se trabaja bien.
- No limpiar bien el tambor entre proporciones distintas. Restos de una mezcla más rica en cemento pegados en el tambor alteran ligeramente la siguiente tanda si no se ha aclarado.
Cómo afecta la temperatura a la mezcla
El calor acelera el fraguado (la mezcla pierde trabajabilidad antes) y el frío lo ralentiza. En días de mucho calor, conviene trabajar en tandas más pequeñas y tener ya preparada la zona donde se va a verter antes de empezar a mezclar, para no perder tiempo con el hormigón ya en la hormigonera. En días fríos (por debajo de 5°C aproximadamente) el fraguado se ralentiza mucho y en heladas puede llegar a pararse o dañar la mezcla antes de que endurezca; no es buena idea hormigonar con previsión de helada nocturna sin proteger la zona.
Si todavía no tienes hormigonera y quieres comparar modelos reales de tambor eléctrico, puedes ver la comparativa completa de hormigoneras eléctricas.
Relacionado
Si tu proyecto requiere varias tandas seguidas de hormigón con estas proporciones, una hormigonera con más capacidad de tambor reduce el número de cargas: la Scheppach MIX180 (180 litros) es la de más capacidad de esta comparativa, pensada precisamente para obras donde hay que repetir la mezcla muchas veces.




