Proporciones para mezclar hormigón: guía práctica a mano y a máquina

La proporción más habitual para hormigón de uso general (cimentaciones ligeras, soleras, muretes) es 1 parte de cemento, 2 partes de arena y 3 partes de grava en volumen, con agua suficiente para conseguir una mezcla trabajable sin quedar líquida. Esta proporción se conoce coloquialmente como «1:2:3» y es la referencia que suelen dar los propios sacos de cemento para trabajos domésticos.

Proporciones según el tipo de trabajo

No todas las proporciones sirven para todo. La cantidad de cemento respecto a los áridos determina la resistencia final, y usar más cemento del necesario solo encarece la mezcla sin aportar nada útil en trabajos ligeros:

El agua se añade poco a poco: como referencia orientativa se suele partir de una relación agua/cemento de alrededor de 0,5 (medio litro de agua por cada kilo de cemento) y se ajusta según la humedad de la arena y la consistencia que se busque. Una arena que viene de acopiarse a la intemperie tras la lluvia ya lleva agua incorporada, así que hay que reducir la cantidad que se añade a mano o la mezcla queda demasiado líquida.

Cómo se traduce esto a una carga de hormigonera

Si tu hormigonera tiene, por ejemplo, 70 litros de capacidad de mezcla útil, una carga con proporción 1:2:3 se reparte aproximadamente en 6 partes iguales: 1 parte de cemento (unos 12 litros), 2 partes de arena (unos 23 litros) y 3 partes de grava (unos 35 litros), más el agua necesaria. En una hormigonera de 180 litros de capacidad de trabajo esas mismas proporciones se multiplican, permitiendo hacer menos tandas para el mismo volumen total de hormigón: donde con un tambor pequeño harían falta 4-5 cargas para una solera pequeña, con uno de 180 litros pueden bastar 2.

Como referencia práctica en peso (más fácil de calcular con sacos de cemento de 25 kg): por cada saco de cemento, cuentan aproximadamente 2 carretillas de arena y 3 de grava para la proporción 1:2:3. Pesar los áridos exactamente no es necesario en obra doméstica, pero sí conviene usar siempre el mismo recipiente (un cubo, una pala llena) como unidad de medida para no variar la proporción de una tanda a otra.

Orden de llenado recomendado

Con el tambor ya girando: primero una parte del agua, después la grava y una parte del cemento, luego el resto de cemento y la arena alternados, y por último el agua restante hasta conseguir la consistencia deseada. Mezclar en este orden ayuda a que el tambor no se atasque con material seco pegado a las paredes, y evita que el cemento se apelmace en grumos antes de integrarse con el agua.

Errores habituales al calcular las proporciones

Los fallos más comunes al preparar hormigón en casa no suelen ser de proporción exacta, sino de método:

Cómo afecta la temperatura a la mezcla

El calor acelera el fraguado (la mezcla pierde trabajabilidad antes) y el frío lo ralentiza. En días de mucho calor, conviene trabajar en tandas más pequeñas y tener ya preparada la zona donde se va a verter antes de empezar a mezclar, para no perder tiempo con el hormigón ya en la hormigonera. En días fríos (por debajo de 5°C aproximadamente) el fraguado se ralentiza mucho y en heladas puede llegar a pararse o dañar la mezcla antes de que endurezca; no es buena idea hormigonar con previsión de helada nocturna sin proteger la zona.

Si todavía no tienes hormigonera y quieres comparar modelos reales de tambor eléctrico, puedes ver la comparativa completa de hormigoneras eléctricas.

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Si tu proyecto requiere varias tandas seguidas de hormigón con estas proporciones, una hormigonera con más capacidad de tambor reduce el número de cargas: la Scheppach MIX180 (180 litros) es la de más capacidad de esta comparativa, pensada precisamente para obras donde hay que repetir la mezcla muchas veces.

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